Edición 19

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noviembre 5, 2019 Blog 0

La redondez de la mediocridad

 

Estoy convencido de que viviendo donde vivimos, ninguno de nosotros se escapa de ser mediocre. La verdad es que estamos tan inmersos en la mediocridad que no la percibimos. Quizá por eso la vida no ha sido como debiera haber sido, pues en muchas ocasiones les insisto a mis amigos que nosotros siendo quienes somos debiéramos tener una calidad de vida mejor.

 

Somos empresarios, negociadores, profesionales y sin embargo nos consume una incesante lucha por apenas mantenernos a flote y la realidad es que en términos de resultados cada vez valemos menos.

 

Recuerdo que en 1989 tuve mis primeras reuniones sobre apertura comercial, sabíamos lo que iba a acontecer en el 93 con la apertura económica y aun así no estuvimos listos. En el 2000 participé de las reuniones del ALCA, Área de Libre Comercio de las Américas y tuvimos miedo, mucho miedo, y desde entonces sabíamos de los tratados de libre comercio y tampoco nos preparamos, y ahora que las condiciones han cambiado el presente inmediato se muestra más bien nefasto que promisorio.

 

En la práctica, en América Latina, todo es más discurso que realidad. Tenemos gobiernos que promulgan por el empresarismo pero que ciertamente en sus acciones son realmente enemigos del empresariado: el 72 por ciento de impuesto sobre la utilidad es una barbaridad, trabajamos para que nos vean.

 

Pero eso no es lo peor. Me he demorado para sacar la revista porque he estado recorriendo los territorios, conociendo proyectos empresariales y reconociendo cara a cara la calidad educativa. Nos llenamos la boca diciendo que los pilares del progreso son la productividad, la competitividad, la innovación y el emprendimiento, pero eso sólo existe para unos cuantos que viven en su burbuja socioeconómica, para la población emprendedora eso es una utopía, empezando por la educación que se les da.

 

Estoy muy de acuerdo con que los maestros tengan un gremio y un sindicato que los represente, pero cuando encuentro que los muchachos no saben leer ni escribir, después de haber pasado once años en el sistema educativo, me doy cuenta de que de fondo algo está mal. Yo sé que mi hermano que es Coordinador Académico de un colegio me va a colgar, pero tengo que decirlo: no por nada en Colombia y en México los maestros se opusieron a que los evaluaran y ya veo por qué: les da vergüenza.

 

Resalto la reunión que se celebró hace poco en Medellín sobre “Empresarios por la Educación”, sí se está haciendo algo pero obviamente no es suficiente; es necesario que más empresarios participen.

 

Es momento de que en América Latina empecemos a tener mayor calidad, empezando por las personas. Sea emprendedor o sea empresario, por favor enamórese de estas tres palabras: Rigurosidad Científica Empresarial. Quizá si lo iniciamos por nosotros mismos, en todos nuestros niveles sociales, podamos a construir un futuro de verdad.

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