Edición 28

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noviembre 5, 2019 Blog 0

¿Cuánto vale la imaginación?

 

“Es que a mí no me pagan para pensar y tampoco me dejan”. Esta frase de un empleado me valió para indisponerme con un cliente del sector de las artes gráficas a quien le estaba prestando una consultoría. Fue ese mismo quien delante de mí le dijo a uno de sus colaboradores: “yo no sé para qué te estoy pagando si vos no servis para nada” y ese día lo dejé. Mi tragedia después de todos los años que han pasado es corroborar que ese señor es simplemente el reflejo de la mentalidad empresarial de nuestra región y es un mundo que les invito a abandonar.

 

Hoy en día las variables competitivas de las naciones están cambiando, bueno, un poco, y cada vez más se pone de manifiesto que los países que sobresaldrán no serán los que tienen la mano de obra barata sino los que aplican estrategias para incrementar su nivel de inteligencia.

 

En estos últimos años como creativo comercial – Imaginador de negocios, puedo visualizar cómo los ciclos de tiempo se han comprimido y estamos en un momento de fuertes cambios de todo tipo, disruptivos, trascendentales y que reconstruirán el mundo de otra manera, por lo que me lleva a exhortarlos a que en sus procesos de selección de personal privilegien la imaginación como una competencia central. Frente a ella, todo lo demás palidece.

 

Son los empleados imaginativos quienes se empoderan y resuelven problemas. Son los empleados imaginativos quienes saben retener a los clientes. Son los empleados imaginativos quienes encuentran la manera de obtener resultados.

 

Y con ese mismo criterio, invito a los gerentes a que dentro de la rigurosidad científica empresarial, empiecen a entrenar su imaginación.

 

Es la imaginación la que es capaz de interpretar la información del análisis de comportamiento del consumidor y a partir de allí, diseñar productos y servicio. Lo sé porque esa es mi vida, es lo que mejor sé hacer y es lo que me apasiona.

 

Si sumamos todos los aportes que nos brinda la imaginación, ¿hay justificación para contratar y mantener personal “sin piensa”, sometido a un marco funcional y dedicado exclusivamente a cumplir instrucciones? Es cierto que algunos gerentes prefieren tener autómatas por empleados, sin embargo, esto en la práctica es demasiado costoso.

 

Cada día más, las organizaciones que prevalecerán serán aquellas que puedan incorporar la imaginación como un estilo de comportamiento corporativo. El problema está en que se necesitan directivos con imaginación para hacerlo. Todavía así, tengo fe en que nuestro gen latinoamericano y nuestra alegría será capaz de llenar nuestras organizaciones con imaginación. Que sepan cómo usarla, será otro cuento.

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