Edición 37

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noviembre 6, 2019 Blog 0

Abriendo puertas a otras posibilidades: El Cooperativismo.

 

Debemos diferenciar claramente el fenómeno de la falsificación del fenómeno del contrabando. La falsificación nos pone en riesgo a todos: productos alimenticios o farmacéuticos falsificados son un peligro para la vida, e incluso la falsificación de marcas genera riesgos de seguridad. Por supuesto que esta falsificación y el lavado de activos del contrabando provenientes del narcotráfico es necesario perseguirlos intensamente. No obstante el contrabando es el resultado de gobiernos mal manejados, despóticos, explotadores e ignorantes, dirigidos por politiqueros y corruptos. El contrabando sucede porque los impuestos, tanto los sociales como los empresariales, son exagerados, los trámites ilógicos e inoperantes y siempre representan una tajada para alguien y son dineros que no se ven reflejados en el mejoramiento de la infraestructura competitiva que requiere el país, y si no lo cree, pregúntele a Odebrecht. Y todavía así, este contrabando de productos que en su país de origen son legales, son un alivio a las profundas brechas de la inequidad.

 

No se confunda, no estoy a favor del contrabando. Estoy en contra del escenario que lo produce y por eso no es difícil prever que en nuestro país, Colombia, con el impacto de la reforma tributaria, lo que verdaderamente se va a potencializar es este contrabando. Es cierto que este fenómeno impide la creación de empleos y por ende deteriora la situación social, pero también es cierta la realidad de un padre de familia que gana un miserable salario mínimo, que no tiene otra opción que conectar los servicios públicos de forma fraudulenta y comprar los productos de contrabando, como una única salida para poder alimentar y mantener a su familia, y eso no lo convierte en un criminal, es sólo otra persona desesperada. Es cuestión de ir a la calle y darse cuenta de que más del 70 por ciento de la población hace piruetas para poderse mantener.

 

Los supuestos beneficios de la reforma tributaria en nuestro país, como lo dije antes, no son otra cosa que cantos de sirena como lo acostumbra el gobierno. Es lo mismo con la tasa de desempleo. En este caso también he estado observando atentamente. La verdadera tasa de empleo es aquella que indica que un sujeto ha estado vinculado al sistema de salud y pensiones por más de un semestre. Si lo mira así, desde la población económicamente activa, se dará cuenta de que el desempleo en nuestro país bordea el noventa por ciento.

 

Tanto este contrabando como este desempleo que menciono son característicos del modelo económico que vivimos: el capitalismo disfrazado de democracia. No obstante, ¿qué alternativa tenemos? En otros lados del mundo hay dictaduras disfrazadas de democracias y capitalismos disfrazados de socialistas y en todos los casos, es el ciudadano de la calle quien sufre la aplicación de leyes amañadas, despóticas e incoherentes. Con todo esto pareciera que no hay salida pero sí la hay, se llama el cooperativismo, aunque no como hoy lo conocemos.

 

Si se analiza el modelo solidario y cooperativista, produce una gran confusión porque nuestro modelo mental franciscano, el que nos tiene a muchos sumidos en la pobreza, erróneamente equipara la solidaridad con el asistencialismo y por eso, el inconsciente colectivo más fuerte en Latinoamérica es la cultura mendicante. Para quienes están inmersos en el sector solidario es muy claro que éste se fundamenta en un modelo mutualista, pero para el ciudadano de a pie, solidaridad es sinónimo de la limosna que le dan. Y por otro lado, la proliferación de cooperativas de carácter financiero, han desdibujado el espíritu cooperativista convirtiéndolo en un cooperativismo capitalista que se asemeja, más de lo que ellos mismos creen, al inhumano sistema financiero.

 

Todavía así, el cooperativismo es la fuerza de todos y existen ejemplos en el mundo en los cuales, el ejercicio del todos ponen y todos ganan, genera verdadera calidad de vida. Hacia allá se debe orientar lo que me imagino como un neocooperativismo y es una idea de la que estoy enamorado. Siempre estoy dispuesto a dar en un escenario donde ese dar se convierta en bienestar para todos.

 

Hace algunos días escuché este llamado a repensar el cooperativismo, como una salida real con un verdadero potencial de soluciones reales. Una opción en la cual los sujetos pueden poner todo de sí mismos, su fuerza laboral e intelectual y, sobre todo, pueden tener la confianza de que recibirán a cambio calidad de vida. Lo cierto es que les creo. Agradezco a Confecoop Antioquia por ponerme a pensar en estos temas. Aunque todavía es un ideal, lo vamos a poner todo para que se materialice.

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