Edición 55

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noviembre 6, 2019 Blog 0

El sentido de la responsabilidad

 

En la ética del estómago implica tres cosas: comer, proteger a la familia y tener dónde dormir. Si una persona no las tiene resueltas, todos los demás ideales sociales y de comportamiento son mero discurso. La ética del estómago no es racional y no tiene sentido común. Cuando se aguanta hambre o cuando se ve a un hijo aguantar hambre, no existen consideraciones morales. Cuando tienes que llevar a tu familia a vivir debajo de un puente y dormir en la calle, por tu cabeza no pasan ideas si algo es correcto o incorrecto. Simplemente sobrevives.

 

Cuando se es empresario lo que importan son los resultados. Se vive de las ventas y si no vendemos no tendremos ganancias. Ganancias que de todas maneras se esfuman cuando tenemos una carga impositiva y tributaria de más del setenta por ciento que muchas veces hace que reconsideremos si vale la pena el esfuerzo de tener empresa. Y cómo de lo que se trata es de sobrevivir, empezamos a asumir conductas que no son racionales así parezca que nosotros las hemos decidido y no es así, es también la ética del estómago la que orienta lo que hacemos.

 

En uno u otro caso nos encontramos en circunstancias difíciles que se complejizan cuando a esto le sumamos la estructura mental de la condición humana que nos muestra toda la emocionalidad negativa, en cuanto a la avaricia, el odio, la envidia y la corrupción y le sumamos las incoherencias de los sistemas legislativos que también corresponden a los intereses de esa condición humana. Y agregue que existen un sinnúmero de paradigmas ideales que nos dicen las maneras de cómo debiéramos vivir y que muy pocas veces tienen asiento en la realidad. Adicionando además que vivimos en un escenario capitalista en el que los individuos sustentan su derecho a existir de acuerdo a su capacidad de producción. Es a todo esto a lo que le llamamos sociedad o civilización que tiene al ser humano en una encrucijada de la que difícilmente podrá salir, pues no hay sistema político o económico que esté por fuera de esta condición. El ser humano es depredador.

 

Sabiendo que esto es lo que se encuentra en nuestro entorno, los empresarios debemos preguntarnos ¿qué es lo que en realidad podemos hacer que vaya más allá del discurso? En ese sentido he encontrado que temas como la responsabilidad social empresarial, que debiera ser nuestra manera de aportar, en muchas ocasiones no pasa de ser más que una táctica reputacional de posicionamiento de marca y en otras ocasiones son un desperdicio de recursos sin sentido. ¿De qué sirve que manden a hacer un monumento en un parque cuando está rodeado de personas que mendigan?

 

Si de verdad queremos hacer algo, debemos tener una mayor orientación hacia el ser humano, no para dar limosnas sino, en una primera línea, para crear condiciones y escenarios en donde las personas se puedan desarrollar y tener mayores oportunidades de una vida digna. Y en una segunda línea, apoyar el sostenimiento de esas poblaciones que de manera definitiva no pueden valerse por sí mismos: los niños especiales y los ancianos. Dese cuenta que por ejemplo, con el discurso de la inclusión, el gobierno de hace dos décadas lo que hizo fue eliminar los recursos para este tipo de programas y estas son poblaciones que nadie quiere incluir.

 

También démonos cuenta de que más allá de la corrupción, el gobierno no cuenta con los recursos para resolver los problemas sociales y dese cuenta de que mientras la ética del estómago sea la posibilidad de un modelo de vida, nunca tendremos una sociedad próspera realmente. A pesar del dinero que podamos ganar con nuestras empresas, nunca estaremos realmente bien mientras la sociedad no esté bien. La criminalidad, como la llamamos sin diferenciar a los verdaderos delincuentes, siempre estará en ascenso.

 

La invitación es: no importa que la suya no sea una gran empresa, o que sea un empleado, y no importa que no tenga un programa de responsabilidad social estructurado. Sus decisiones de todos los días deben tener consideraciones sociales. Sálgase de la ética del estómago y actúe como un ser social y civilizado.

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