Revista 30

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3 de abril de 2020 Uncategorized 0

Me resisto a creer, pero me llegó por Facebook

Gina Parody, Ministra de Educación de Colombia: «Es que no hay diferencia entre un técnico y un profesional, merecen igual salario».

Podríamos decir que se trata de la baja calidad educativa de nuestras universidades, pero no es así. En el caso de Colombia, podría decirse que se trata de una política de Estado previendo la mano de obra para el postconflicto. Es posible. En realidad, es el reflejo de la mediocridad de nuestros dirigentes en América Latina, y sí, aunque me caiga el guante, incluyendo a los dirigentes gremiales.

En mi caso particular, soy Comunicador Social y he sido testigo del deterioro de la profesión. Al principio pensé que se trataba de la baja calidad de los profesionales; luego me encontré con profesionales de muy alta calidad sin oportunidades laborales. Después creí que eran las condiciones del mercado, los empresarios sólo quieren mano de obra barata, pero entendí que la auténtica competitividad no es barata. Fue allí cuando entendí que es una suma de todo y que nuestro pecado en Latinoamérica es la subvaloración de la verdadera educación. Fíjese por ejemplo en la razón de la protesta de los educadores en México. Ellos no quieren que se les exija calidad y me doy cuenta de que es un mal generalizado en nuestro continente. Nuestra ingenuidad capitalista sólo necesita trabajadores rasos, léase técnicos. Los profesionales nos deberemos ir a competir en los países donde exista una seria inteligencia empresarial. No están dejando más alternativa.

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