Revista 57

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3 de abril de 2020 Uncategorized 0

Mentalidad innovadora:

Una señal de que una organización es competitiva es cuando su líder o sus líderes están montados en la onda de la innovación. La realidad es que el discurso gubernamental es fuerte y constante en el tema, pero los empresarios parecemos no escuchar. Nos conformamos con los pocos centavos que nos permiten pagar, más o menos, nuestras cuentas y muchos parecemos no tener la mentalidad para crear verdaderas organizaciones globales y competitivas. Por ejemplo, a pesar de que las condiciones internacionales están dadas, no somos buenos proveedores en exportaciones pues no entendemos al consumidor de otros países y no tenemos realmente valor agregado, dos elementos indispensables para innovar. ¿Cuál es la esencia del problema? La falta de nivel de muchos, la mayoría, de nuestros cuerpos directivos.

Hace poco en un proceso de consejería le pregunté a un grupo de gerentes la manera cómo estaban aplicando los procesos de “economía circular” y sobre cómo se estaban adaptando a la transformación digital. Pregunté sobre la innovación y competitividad de los modelos de negocio y pregunté sobre las metodologías de comprensión, mediante el big data, del comportamiento del consumidor. Me miraban como si les hablara en idioma extraterrestre, cuando estos temas llevan algunos años en el ambiente y, aunque en realidad, los han escuchado, les parece que no les toca, que no les corresponde o que les son irrelevantes. Pregunté también cuál era la razón de ello y la respuesta era que no tenían tiempo de “esas cosas” pues estaban muy ocupados “dirigiendo” sus empresas y comercios.

Estoy convencido de que, si se quiere transformar a un país, rápidamente, se deben intervenir, con educación, a las mujeres, los niños y a los empresarios. Las mujeres son replicadoras de la cultura, los niños fundamentan y reproducen el tejido social y los empresarios son los constructores del comportamiento cotidiano: las comunidades se comportan, en mutua afectación, como lo hacen sus fuentes de producción económica.

Un país es realmente competitivo cuando sus factores macroeconómicos son el resultado de la inteligencia de sus gentes. ¿De qué sirven las cifras de crecimiento soportadas sobre exportaciones de materias primas si eso no se traduce en mayor capacidad humana instalada para la construcción de futuro?

No obstante, esto no es una carrera lineal. No son procesos de tiempo. Se pueden realizar acciones disruptivas y convertir a un país en altamente competitivo en sólo un par de años, a lo sumo cinco. Se necesita que exista la voluntad estatal, la voluntad colectiva y que se permita la ejecución de las decisiones estratégicas. Y ¿por dónde empezar? Siendo drásticamente exigente con el nivel de la escuela primaria, sobre todo en STEAM y eliminando la politiquería del sistema educativo. Potencializando a las mujeres y siendo drásticamente y absurdamente exigentes con el nivel de los directivos empresariales. No se debiera permitir crear o dirigir una empresa, del tipo que sea, si no se tienen las competencias globales de conocimientos tecnológicos, financieros y conocimiento del comportamiento humano asociados a una insaciable necesidad de trabajar en innovación.

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