La ciencia y la tecnología ¿Un problema de Estado?

La ciencia y la tecnología ¿Un problema de Estado?

5 de febrero de 2024 Consejero Gerencial 0

En esta nota se busca resaltar el hecho de que a pesar de todos los esfuerzos para que la Ciencia y la Tecnología tengan un mayor impulso tanto en las universidades como en la empresa privada, sigue siendo el Estado, con sus problemáticas, el gran promotor de la innovación y que está sustentado en un gran vacío: la capacidad humana instalada es estructuralmente deficiente como resultado de las métricas impuestas por organismos multilaterales y por la poca competencia en materia de educación de los estamentos públicos de todos los niveles, sindicales y privados.

Un mundo irreal

Existen cuatro cosas en el mundo que se crearon para controlar la vida del hombre: el reloj, las fronteras, la economía y el calendario. Cosas que le dan sustento a la sensación de existencia pues permiten la materialización del pensamiento dividiendo el espacio entre un mundo real donde se instala la naturaleza y la presencia del hombre se considera sólo desde la biología, y un mundo artificial, más conocido como “cultura”, desde la perspectiva global y es donde ese pensamiento le da forma a su expresión más pura, la imaginación y la invención.

En la era prehistórica, las diferentes relaciones de poder estaban construidas sobre la fuerza física y, gracias a la imaginación, la capacidad de utilizar el entorno para el ejercicio de esa fuerza y para la supervivencia. Fue de allí, de donde surgieron impresionantes avances tecnológicos que con el tiempo construyeron nuestra civilización. No obstante, en un principio, estos avances eran realizados por sujetos bajo el auspicio de quien estuviese en el poder. El jefe de la tribu, el señor feudal, el rey o el emperador, reconocían la gran ventaja que significaba contar con estos “inventos” y el poder que de ellos emanaba ya fuese para determinar la sobrevivencia o ya fuese para dominar en la guerra.

Este panorama no ha cambiado. Como lo expresan Diana Suárez y Jesica De Angelis en su artículo: “Análisis comparativo de los Sistemas Nacionales de Innovación en el MERCOSUR” los sistemas de C y T, dependen de la capacidad y la voluntad de los gobiernos para su desarrollo y por eso se ven tan afectadas en las épocas de crisis. Aunque en los países existan organizaciones y el capital humano con la capacidad de responder a las demandas del mercado (y de la sociedad si entendemos que mercado es igual a sociedad) no obstante ni las políticas se han aplicado como lo indica la retórica ni se han destinado los recursos necesarios. Y esto como resultado del bajo nivel de muchos de los dirigentes políticos y fenómenos como la corrupción. Se debe entender que la ignorancia, la pobreza y la violencia, son también políticas no escritas de gobierno, pues le dan sentido al movimiento de capitales que se vuelven humo. No de otra manera se explica que en China se construya un súper hospital en dos semanas, mientras que en nuestro país se demoran veinte años, si es que se termina.

Y por otro lado están las restricciones impuestas por organismos internacionales las cuales mantienen los progresos de C y T como un mecanismo más de control. Esto explica, en parte, las diferencias de inversión entre los países desarrollados y los que no. Desde la perspectiva de un optimista tecnológico y desde una mirada lineal, una mayor educación en ciencia y tecnología fundamentada con las matemáticas desde la primera infancia multiplicaría exponencialmente y en poco tiempo las capacidades de un país. Esto no le conviene a los poderosos.

Señor… No hay sistema

Como lo resalta Juana R. Kuramoto en su artículo “Sistemas de Innovación Tecnológica”: “De acuerdo con la tradición schumpeteriana, el crecimiento económico de los países está íntimamente ligado a la tasa de innovación tecnológica. Los países que han logrado tasas de crecimiento importantes han experimentado una reestructuración de sus aparatos productivos, en los cuales se hace uso de tecnologías más eficiente en sus procesos al mismo tiempo que se incrementa la variedad de productos”.

No obstante viene de nuevo la pregunta ¿para quién son los desarrollos (productos) en ciencia y tecnología? Y respuesta es siempre obvia, hasta cierto punto. En una época eran las fuerzas militares las perceptoras de la mayoría de las producciones de CyT, sin embargo, el concepto más fuerte es la idea de “mercado” como el objetivo final de lo que en adelante llamaremos “la innovación”, e insisto que el mercado es la sociedad y poco hay en esta “sociedad” que esté por fuera de las relaciones de mercado, si tenemos en cuenta que nuestro escenario es lo que el neoliberalismo ha hecho de él. Y si el mercado es el gran receptor, los jugadores que deberían tener las fuerzas para “empujar” esta innovación debería ser la empresa privada. Ese fue el espíritu con el que en el 2015 se expidió por parte de Planeación Nacional el Documento CONPES 3834 en el que se establecieron deducciones tributarias para fomentar que la empresa privada se matriculara con el desarrollo de Ciencia, Tecnología e Innovación. En contadas ocasiones ha ocurrido. Los recursos destinados por el sector público no equiparan las necesidades de ciencia y tecnología y los recursos provenientes del estado apenas si cubren el funcionamiento de las instituciones de ciencia y tecnología, lo que deja muy poco para la ejecución real. Incluyendo en este criterio a los dineros provenientes de regalías, aunque en su filosofía diga lo contrario. Es decir, a pesar de que se quiera involucrar a la empresa privada y de que finalmente es esta la que recoge las ganancias, sigue siendo el estado, en su poca capacidad, su precariedad y fenómenos ilegítimos, quien se sigue encargando de financiar los desarrollos de Ciencia, Tecnología e Innovación. Esto sigue siendo un problema de estado.

En su sentido amplio, se supone que el SNI busca articular toda aquella instancia, pública o privada que genere innovación. No obstante, son las políticas de gobierno las que hacen un esfuerzo por lograr esa articulación, a pesar de que las diferentes fuerzas de mercado no lo posibilitan, la academia no cuenta con recursos reales, y los factores de producción son muy pocos, hecho que igualmente problematiza el papel del estado sobre la Ciencia y la Tecnología.

Las estructuras se han creado: Direcciones administrativas, departamentos y secretarías, oficinas e instituciones, alusivas a los diferentes tipos de ciencia, e incluso ahora, un ministerio, todos con presupuestos reducidos y dificultades financieras, y sobre todo, sin un capital humano proveniente de una sociedad educada para la ciencia y la tecnología, y quienes llegan en su mayoría son personas que representan la excepción a la regla social.  muy al contrario de lo que se supone ocurre en los países desarrollados, en especial Japón y Corea del Sur, en donde la educación y los capitales destinados a la ciencia y la tecnología marcan la diferencia. Pero el mundo ha demostrado, además, otra realidad. Grandes empresas con grandes capitales acaparan para sí los desarrollos científicos y tecnológicos y los protegen vía patentes, creando un contexto en el cual pocas o ninguna institución científica del estado puede competir, ni siquiera con la participación de las universidades, y las políticas de fomentos o son insuficientes o se usan de otras maneras, por ejemplo, compañías que crean unidades de Investigación y Desarrollo para obtener reducción de impuestos, no porque se tengan verdaderas innovaciones de ellas y ni hablar de su articulación al Sistema Nacional de Innovación. Claro, hay excepciones a la regla, sobre todo con el Documento CONPES 3975, que incentiva la transformación digital y la inteligencia artificial.

Súmele a esto el hecho de que esas entidades creadas por el estado, no conversan entre sí, pues a pesar de que se haya estructurado un Sistema Nacional de Innovación, en la práctica, cada una de ellas, compite por un pedazo de esos recursos insuficientes, lo que, obviamente, se materializa en una fuerte desarticulación institucional que no permite que las fuerzas de un país vayan hacia un mismo lado. Por ejemplo, crear un ministerio de ciencia, que no se articula con un ministerio de tecnologías de la comunicación, como si la una no fuese receptora de mucho de lo que desarrolla la otra, y sí, ambas compiten entre sí por el presupuesto. Esto sin referirnos a que en nuestro modelo de gobierno y de manera constitucional, se habla de descentralización, pero lo que se descentraliza es la responsabilidad sobre los problemas pero no el dinero para resolverlos. En este sentido el hablar de Sistema Nacional de Innovación, todavía no pasa de su fase metafórica, por supuesto, es una exageración decir que no hay sistema, es simplemente que a veces parece ser mero discurso.

Primero gatear… después volar

En años anteriores, no muy lejanos, la práctica para el nombramiento de “maestros” de primaria y básica secundaria en las instituciones del sector público, se daba mediante lo que conocemos como “cuotas políticas” y a partir de allí, se formaron los “sindicatos”. A diferencia de algunos sindicatos de docentes universitarios, estos primeros escalaron hasta convertirse en una poderosa fuerza capaz de paralizar un país. Recordemos que hace un par de años los sindicatos de maestros de México realizaron una huelga pues el gobierno los quería evaluar. Evaluación que no les cayó muy bien por las posibles consecuencias con sus puestos de trabajo. Sin embargo, este es el punto raíz de muchas de las problemáticas que tenemos en nuestra sociedad. ¿Cómo queremos que nuestra sociedad mejore, si sus maestros no son competentes? En una nota personal, alguna vez que entré al salón de clases de mi hija, vi a la maestra escribiendo en el tablero con mala ortografía y me pregunté cuál será la ortografía que van a aprender estos niños. Este seguramente es un esquema n veces replicado. Sin desconocer el papel que tenemos los padres en la educación de los niños, es apenas natural que no desarrollemos competencias básicas para ciencia y tecnología si los maestros son de baja calidad profesional. Lundvall, citado por Kuramoto sugirió que el eje central del concepto de sistema de innovación, era el proceso de aprendizaje… entonces, ¿cómo dejar por fuera el concepto de capacidad humana instalada, que no es otra cosa que las competencias básicas desarrolladas desde el sistema educativo? Son esas capacidades básicas que promueven la absorción de conocimiento para el desarrollo técnico y científico, las que más adelante se convertirán en posibilidades de desarrollo de innovación.

Se reconoce el esfuerzo que se ha realizado con la formación STEAM llevada a la primaria, y con el modelo de media técnica para el bachillerato, pero por una parte, los casos son muy esporádicos y por otra, los maestros, han demostrado no ser competentes para asumir estas metodologías, pues más allá de cualquier discusión el “producto” de un educador es su educando. Pregúntese de qué nivel están saliendo los jóvenes de la educación secundaria y sabrá de qué nivel fueron sus maestros.

Esto también tiene una importante implicación hipotética. Si se interviene la calidad de los maestros y se fomentan las competencias básicas personales que posibiliten el pensamiento tanto crítico como científico y tecnológico, a pesar de las deficiencias en infraestructura, en menos de cinco años es posible revertir esta situación. El incremento de la capacidad humana instalada debe estar por encima del crecimiento económico, para que este sea realmente importante. Es decir, de que sirve que el crecimiento de la economía sea superior a la media de Latinoamérica si eso no se materializa en capacidad humana instalada. La capacidad humana instalada es potencialmente capaz, por sí misma, de impulsar el crecimiento económico con un menor esfuerzo del Estado. Sería un “salto cuántico” en el desarrollo del país.

Ahora, los incentivos sí sirven y aunque sabemos que algunas compañías han creado sus Unidades de I+D+I sólo para reducir su carga tributaria, tenemos ejemplos como la empresa de cementos que pudo desarrollar un cemento más amigable con el medio ambiente al que denominó “Cemento Verde” y sabemos que como esta, hay otras más en proceso de presentar al público nuevos desarrollos. Si logramos que las compañías de todos los tamaños vayan más allá de la comercialización y se monten en el cohete de la innovación, tenga la plena seguridad de que el país llegará muy lejos en el muy corto plazo.

También por eso, el esfuerzo del gobierno local es importante. En nuestro caso, aunque está muy lejos de ser realmente exitoso, ha podido sostener por más de diez años la promoción de la innovación como el camino que nuestro conglomerado económico y social debe tomar, desde los modelos de pensamiento hasta los modelos productivos. Esperemos que las grandes inversiones en infraestructura que se han hecho, vayan por fin, más allá de la retórica.

Conclusión A pesar de sus problemáticas de fondo, a pesar de que provee condiciones a la empresa privada y a pesar de que la generación de conocimiento es función de las universidades, sigue siendo el estado el gran promotor y operante del impulso a la ciencia y la tecnología en el país. Por supuesto, no es suficiente y la situación sociopolítica y económica presentan retos que no son fáciles de salvar. Más allá de los discursos y de las fallas, hay un esfuerzo importante por construir y mantener un sistema nacional de innovación, que si bien tomará tiempo, va por un buen camino al haber creado el Ministerio de Ciencia. Falta un presupuesto de verdad y alinear y superar las dificultades del sistema educativo para que, en conjunto con el Ministerio de las TIC y el Ministerio de Educación, se forme una fuerza importante y transformadora, articulada con inclusión y equidad social, posibiliten, en el corto plazo, un mejor presente para el país.

Wilson Garzón Morales

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