Revista 77

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6 de julio de 2023 Editorial Estilo Gerencial 0

El país del Social Washing…. Esta expresión significa mentir o exagerar a cerca de los beneficios que una entidad ejerce sobre la sociedad. Se le conoce como la familia “Washing” a esas malas prácticas de Relaciones Públicas y, este Social Washing, generalmente viene acompañado del “Green Washing”  que es mentir sobre el impacto en el medio ambiente.

No vaya a creer que es por nuestra naturaleza cultural que siempre damos la impresión de estar mintiendo y que por eso no nos generamos confianza entre nosotros. No. Está práctica va mucho más allá y tiende a ser global, pero lo que debemos mirar es que como buenos latinos, hacemos un uso intensivo de ella.

Dese cuenta, por ejemplo, que el movimiento económico que fracasó en Chile en 1985, auspiciado por los Estados Unidos, que en 1988 se vino para nuestro país y que en los 90´s se subió al poder, nos culturizó en un modelo ideológico de permanente competencia en que las palabras “rentabilidad y ganancia” se volvieron primordiales. Hoy después luego de 30 años de imponérsenos una manera de pensar y de actuar, es difícil que un ciudadano de la calle se dé cuenta de que existen otras maneras de vivir. Ahora, analice cómo sucede en las empresas.

En el mundo empresarial, para nosotros como gerentes, es una obligación la generación de dinero. Si no vendemos o generamos utilidades, nuestra gestión no sirve. Y por eso, carretas como el “propósito”, la misión y la visión, son tan difíciles de inocular en la gente, pues la realidad es que nuestro modelo de competitividad está montado sobre la fuerza física del personal y no sobre su inteligencia, en un país donde, además, se produce muy poco y lo que más hacemos es comercializar productos o servicios. Esta es la plataforma de un escenario y de un discurso incoherente, pero que se materializa cuando las desigualdades sociales son tan profundas y queremos dar la “apariencia” de que nos importa cuando en realidad no es así. Por supuesto, no se puede generalizar. No obstante, mentimos o exageramos. Revise, por ejemplo, los balances sociales y luego constate la realidad práctica.

Es como una alcaldía que anuncia con bombos y platillos que inauguró un puesto de salud que beneficiará a miles de familias. Fuimos allá y no tienen insumos, no hay personal calificado y sólo pueden atender a unas pocas personas cada día. O una telefónica que anuncia que beneficiaron a unas escuelas de las miles que hay en el país, o del famoso “plástico neutro” o “carbón neutro”, algo así como el que peca y reza empata. Y luego salimos a decir que no tomamos medidas responsables porque el mercado no lo paga, como si la población nos tuviese que pagar por cumplir con nuestro deber. Todo es parte del mismo discurso de moda: Sostenibilidad o los Objetivos de Desarrollo Sostenible, con compañías reportando ganancias frente a una población cada vez más empobrecida.

Nuestro trabajo como empresarios es mejorar al mundo, dentro de nuestro alcance y dentro de nuestras posibilidades. No queramos magnificar cualquier acción, sólo porque el mercado está comprando consciencia social y ambiental. Si la tenemos, ejerzámosla en realidad, en términos reales y con evidencias.

Wilson Garzón Morales

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