Esa cosa terrible del “pensar”: desarrolle pensamiento multidimensional y holográfico

Esa cosa terrible del “pensar”: desarrolle pensamiento multidimensional y holográfico

5 de febrero de 2024 Consejero Gerencial 0

Una dificultad de los latinoamericanos nacida de la herencia hispánica es la visión “franciscana” de las cosas, en tanto que las culturas de habla anglosajona tienen una visión “luterana” y “calvinista”. Mientras los unos son más folclóricos y «relajados», los otros son pragmáticos y dogmáticos. El concepto de disciplina dista mucho de practicarse igual, y las formas de asumir el mundo son como el agua y el aceite. Aunque los unos no son mejores que los otros, implica esto que debemos realizar un esfuerzo adicional para estar siquiera a la par. Debemos aprender a «ver» y debemos aprender a «pensar».

Uno de los jugadores de mayor fama en nuestro país fue Carlos «El Pibe» Valderrama, y es un caso excepcional. Primero porque no era un goleador, pues generalmente, tanto en el fútbol como en la empresa privada y en la vida, son quienes marcan los goles, los que sobresalen. Segundo, porque hablaba muy poco, sólo lo necesario; sin embargo, era el líder capitán del grupo. Cuando decía algo todos guardaban silencio; y tercero, porque tenía una particularidad: era capaz de meterse todo el terreno de juego en la cabeza, y no le importaba el sitio donde estaba parado, siempre sabía dónde estaban los demás y qué papel desempeñaban en la cancha. Esta habilidad le permitía correr poco y hacer pases muy certeros que casi siempre terminaban en gol.

A esa cualidad la denomino «la mirada del Pibe». Es el principio holográfico del pensamiento complejo de acuerdo a la teoría de Edgar Morín, quien se dedicó el siglo pasado a descifrar cómo el hombre percibe, entiende y manipula el mundo.

El pensamiento complejo plantea la multilateralidad. Va más allá del pensamiento sistémico el cual ve el todo como un proceso lineal. Y va más allá del pensamiento lateral el cual propone la ilógica como un elemento inconexo e inalcanzable para la linealidad, en el que, para poder llegar, debemos dar un salto o realizar un rompimiento.

El principio holográfico o en este caso » ve las partes en el todo y el todo en las partes. Nada es independiente y todo está integrado. Este principio busca superar al “holismo” y al reduccionismo. El holismo ve sólo el todo; el reduccionismo ve sólo las partes.

¿Qué es el todo? Es una empresa, o un cliente, una situación, un proceso de venta, un producto. El noviazgo o el matrimonio. El todo puede ser la manera como organizamos el escritorio. Puede ser cualquier cosa. Para el aprendizaje lo importante no es el todo en sí mismo, sino la manera como nosotros lo vemos y lo pensamos. Por supuesto, para la vida real, lo más importante es aquello que logramos con los “todos” que encontramos en el camino.

Cuando hablamos de ver y de pensar nos referimos a la lectura que usted hace de las diferentes situaciones. La mayoría estamos acostumbrados a no ver más lejos de nuestras narices, lo que está en frente, lo inmediato, olvidando que existe mucho más. Igual sucede con el pensamiento, como diría el docente filósofo de la multilateralidad Edgar Morín: «Flotamos en el mundo en un perenne caos. Ya no hay orden soberano en el universo. El desorden y el azar obligan a negociar constantemente con la incertidumbre». Pensar es un permanente ruido interior lleno de telarañas y de cucarachas en eterno conflicto en el que sólo tenemos dos opciones: o lo dominamos o nos domina.

La realidad no es simple, dice Morín, son muchos los elementos de que consta, pero estos elementos no están aislados sino interconectados. Incluso entre un elemento y otro los límites son borrosos. Si la realidad no es simple, el conocimiento tampoco puede serlo so pena de incurrir en el error. La causalidad, base del pensamiento sistémico ve la realidad como una serie de causas efecto, como si la realidad planteara ingenuamente un trayecto lineal, del menos al más, ascensional o se le pudiera plantear una finalidad. En cambio la multilateralidad se plantea la heterogeneidad, la interacción, el azar; todo objeto del conocimiento, cualquiera que él sea, no se puede estudiar en sí mismo, sino en relación con su entorno; precisamente por esto, toda realidad es integral, por estar en relación con su entorno. Tomamos lo mejor de la mayoría de las teorías que alcanzamos a conocer, integrándolas a la teoría del pensamiento holográfico: Pensamiento Lineal, Pensamiento Lateral, Pensamiento Sistémico. Holismo y Reduccionismo. No seríamos coherentes con nuestra integralidad si excluyésemos alguna y las usamos como herramientas complementarias. 

Esto es lo que dice Morín. No obstante, el pensamiento multilateral se mueve sobre una sola línea de espacio tiempo. Esta es mi teoría para aprender a ver y pensar esa realidad, “El Pensamiento Multidimensional y Holográfico”: Aunque también hablamos de dimensiones cuando nos referimos a lo político, económico, ambiental y social, o cuando nos referimos a las dimensiones humanas, en este caso el tema es de la aplicación de la física al pensamiento. La física nos enseña que todos los cuerpos tangibles tienen tres dimensiones: a lo largo, a lo ancho y a lo profundo. Piense en un cubo. Nosotros debemos aprender a ver y a pensar los acontecimientos, buscar la multilateralidad, en esas tres dimensiones. Por ahora no me pregunte por el pensamiento en las demás dimensiones de la física, que aduras penas he sido capaz de expresar esta porción de lo que hay en mi mente.

¿Qué es ver y qué es pensar? Ver es captar, sin interpretar y sin tomar decisiones. Es lograr asumir todos los componentes de acuerdo al tipo de visión a aplicar: ancho, largo o profundo. Pensar es procesar eso que se vio. Es encontrar la manera para rediseñar la realidad, antes de pasar a la acción.

Ver a lo ancho: son los acontecimientos en el momento presente. Lo que se ve en primera instancia y nos entrega información inmediata. Como recomendación le pido que siempre sospeche de esta visión.

Margarita, desde su alcoba, escuchó un estruendo en la cocina. Rápidamente llegó para encontrar a su hijo Santiago sosteniendo en las manos los pedazos de una vasija de cerámica que había pasado de generación en generación desde hacía cien años en esa familia. Sin dar lugar a excusas, con lágrimas en los ojos, Margarita lo castigó.

Bueno, sucede, y más aún cuando los padres latinoamericanos todavía acuden al castigo físico para «ajustar cuentas». El muchacho se quedó en su cuarto una semana, sanando sus heridas. Margarita, por supuesto, la pasó muy arrepentida cuando un niño de la cuadra tocó a la puerta preguntando por la pelota de tenis que se había colado por la ventana de la cocina. No crea que este caso es puntual, por el contrario, es muy diciente de cómo vemos y reaccionamos ante las situaciones los latinoamericanos.

Ver es observar las situaciones, ver es tratar de captar la mayor cantidad de detalles del entorno. Detenerse un momento y no tragar entero lo que nos llega y percibimos. Ver no es pensar, es percibir la realidad con los sentidos para tratar de encontrar la verdad. Ver a lo ancho nos exige levantar la cara. Tomar el acontecimiento con cabeza fría, dividirlo en sus partes sin dejar nada por fuera; a veces los detalles cambian los significados de lo que ocurre: mirar antecedentes y nunca suponer, siempre preguntar. Tratar de capturar las situaciones por fuera de la lógica simplista incluyendo de paso, el caos y el azar.

La mayoría de las ocasiones nos dejamos guiar por la primera impresión que nos hacemos de las cosas cuando las vemos. Pero, la realidad puede ser otra muy diferente. «El error y la ilusión están siempre presentes, pues son resultado de la relatividad de nuestras percepciones, del egocentrismo que trastorna nuestros recuerdos y nuestra manera de ver las cosas, del autoengaño», dice Morín.

Nos quedamos con esa primera idea cuando nos enfrentamos a las cosas. Asumimos, suponemos, creemos y divagamos. Y todo esto, lo hacemos en fracciones de segundo, para inmediatamente tomar una decisión. No se descarta de ningún modo «El poder de lo simple» pues así deben ser las acciones. El pensamiento estratégico, por su parte debe ser capaz de asumir la complejidad. Nunca es simple.

Pensar a lo ancho: de igual manera, debemos tener método para pensar los acontecimientos. Empiece por amaestrar su voz interior. Si no la domina se convertirá en todo un estorbo que nunca le dejará progresar. En cambio, el adoctrinar ese murmullo será clave en el desarrollo de su capacidad estratégica. Lo invito a hacer este ejercicio mental: dedique, cada vez que se acuerde, cinco minutos a pensar en una sola cosa, sin desviarse, sin anexos, sólo un tema o una imagen. Cuando lo haya logrado, incremente el tiempo, hasta que pueda dominar el pensamiento de tal manera que nada lo interrumpa. Está bien decir que ese «murmullo» interior en ocasiones funciona como una alarma de cosas que se nos están olvidando, pero en general es pura incapacidad de concentración.

Para verificar si posee el control de su mente, haga un ejercicio físico del yoga, muy fácil: párese en un pie, haciendo con el otro la figura del cuatro, estire los brazos hacia arriba juntando los pulgares y cierre los ojos. Si es capaz de sostenerse cinco minutos, ya habrá empezado a tener el control. Cuando pueda extender el tiempo a media hora usted será un maestro.

Sin caer en el modelo lineal tradicional, como una metodología de pensamiento a lo ancho, podemos echar mano de las herramientas que nos propone Edward De Bono en su libro “Seis Sombreros para Pensar”, adaptándolas a nuestra manera de operar. El truco está en aprenderlos a usar uno a la vez, sin mezclarlos, sobre un mismo acontecimiento. Apréndase los nombres y su contenido le dará la guía de acción. Así cuando necesite utilizar uno, simplemente lo nombra y su cerebro se posesionará de ese tipo de pensamiento hasta ofrecer un resultado y luego pasar a otro.

Pensamiento Directivo: con él se obtiene la tranquilidad. Es el control, domina los demás tipos de pensamiento y dice cuándo se deben aplicar. Enfoca, concentra y delimita los problemas. Tiene una visión global de los asuntos. Observa y registra el desarrollo de los análisis

Pensamiento Creativo: es la búsqueda de ideas nuevas y nuevas formas de hacer las cosas. Va más allá de lo establecido. Corre riesgos. Nunca se conforma con la primera respuesta. Le da una licencia para «soñar» con las estrategias ideales abarcando lo no lógico.

Pensamiento Lógico: es la objetividad, los hechos puros, verificables. No hay lugar para los sentimientos, las interpretaciones, las opiniones ni de adoptar posiciones. separa las creencias, las probabilidades y las posibilidades. Prefiere las ciencias exactas y generalmente se expresa en cifras.

Pensamiento Positivo: es una propensión al Sí. Es el ánimo lógico en su máxima expresión. Muestra la esperanza por remotas que sean las posibilidades. Enseña el lado bueno de las cosas, indaga y explora en busca del valor y del beneficio. Se niega al fracaso. No siempre se apoya en la lógica, aunque es completamente separado de las emociones. Siempre considera la acción que sigue al simple optimismo, no se queda en espejismos. Es un radar para las oportunidades, las buenas ideas y las buenas sugerencias. Es propositivo. Busca la eficacia y la construcción.

Pensamiento Negativo: es una propensión al No. Es la objeción lógica. La búsqueda de la falla. Los aspectos no aplicables de los asuntos. No permite la sensibilidad. Señala los riesgos, peligros, dificultades y problemas potenciales que pueden surgir.

Pensamiento Emocional: es el corazón, bondad y maldad. La subjetividad y el egocentrismo al máximo. Es difícil deshacerse de él. Controla los presentimientos, las percepciones y la intuición desde lo complejo, provenientes de la experiencia y del conocimiento. Otorga el beneficio de la duda. Define valores. Ayuda a identificar en los asuntos las emociones de otros.

Es el poder separar estos tipos de pensamiento lo que nos ayuda a tener una mayor capacidad estratégica y a equivocarnos menos en las soluciones. No lo olvide: caminar despacio y pensar rápido. Este tipo de disciplina no sólo ayuda en el trabajo, también lo hace en la vida diaria. No espere convertirse en un día en un metódico del pensamiento a lo ancho. Esto lo logrará con la aplicación diaria. Al principio se demorará un poco, pero con los días su cerebro se volverá muy ágil y lo que antes le tomaba un par de horas lo hará en minutos y quizá en segundos.

Ver a lo largo: también es una ley de la Física que a toda acción corresponde una reacción. La mayoría de las veces quienes hemos tenido la oportunidad de dirigir aprendemos a prevenir la primera o segunda reacción, incluso jugamos con ella; eso hace parte de nuestra habilidad como estrategas, pero no vamos más allá.

Esa primera o segunda reacción todavía hace parte de la visión a lo ancho. Piense en una especie de margarita para la primera reacción, cada pétalo es una posibilidad de acción en el corto alcance. Se convierte en a lo largo cuando somos capaces de ver la cadena de acontecimientos en el tiempo y el espacio que puede construirse desde el inicio de una situación. Tercera, cuarta, quinta reacción. Este proceso es multilineal y simultaneo. Piense en una tela de araña para que se haga una imagen de todos los puntos que se deben visualizar.

Cuando sea capaz de visualizar la multilateralidad de cada hecho que ocurre a su alrededor, se dará cuenta de la gran cantidad de relaciones que existen entre las cosas. Nada es inconexo, todo tiene que ver con todo. Como dice la vieja teoría de la resonancia mórfica propuesta desde el holismo, “No se muere una flor sin que se conmueva una estrella”. Ser descuidado con este aspecto nos puede acarrear consecuencias imprevistas. Como dicen por ahí, cuando uno menos piensa salta la liebre… o salta el tigre.

Juvenal, gerente de su compañía, la cual fundó hace quince años con un producto en ese entonces novedoso, decidió despedir a un vendedor que lo acompañó desde sus inicios. El hombre era el mejor vendedor que esa empresa había tenido, pero en el último año sus resultados eran nulos y sus relaciones con los demás compañeros malas.

Antes de ejecutar la decisión me encontré a este gerente en una reunión y él aprovechó para hacerme la consulta. Le pregunté varias cosas tales como: ¿Cuántos años tiene el vendedor? «35 – me contestó- está conmigo desde los 20» ¿Qué tanto conocimiento tiene del producto? «Ayudó a ajustar el diseño con las consultas que le hacía a los clientes», agregó.

Después de pensarlo un rato le dije a Juvenal que desistiera de despedir al vendedor y que buscara alternativas para conciliar con él la situación. Sin embargo, al mes que volvimos a la reunión me dijo que ya lo había despedido. Lo que sucedió después fue que el vendedor se recuperó de una situación familiar difícil y actualmente es el gerente regional de ventas de una compañía competidora. Juvenal sólo había visto los resultados de ventas y el comportamiento actual, y presupuestó como lo iba a reemplazar, como una consecuencia inmediata, pero vio no las posibles consecuencias de sus decisiones en la dimensión a lo largo.

No digo que se equivocó, pero uno debe aprender a ver varios niveles más lejos de la primera reacción para saber hasta dónde es capaz de arriesgarse. Hoy la compañía de Juvenal está a punto de desaparecer, pues a él se le olvido que los clientes no son de las compañías, cuando se tiene personal externo y si no se ha previsto la estrategia adecuada, los clientes le pertenecen a los vendedores y estos se los llevan cuando pasan a otra empresa del mismo género. Bueno, esta afirmación depende mucho del estilo relacional de la empresa. En otros escenarios es totalmente incorrecta.

La única manera de que los clientes no se vayan con los vendedores es tener una compañía demasiado fuerte en el mercado y muchas ventajas para los compradores.

Pensar a lo largo: Jorge Luis Borges lo describe de una manera maravillosa en el cuento «El Jardín de los senderos que se bifurcan»: toda decisión que se toma tiene sus consecuencias. Una activa, es la directa, y otras no activas, que son posibles y viables, pero que se pueden pensar razonablemente que no se llevarán a cabo.

De la tela de araña, para facilitar el ejemplo, tomamos una sola línea y la desarrollamos. Aunque en la gráfica las consecuencias confluyen en un mismo hecho, estos igualmente pueden ser diferentes.

Las decisiones no activas son extremadamente peligrosas, pues nuestra visión de ellas es subjetiva y da la posibilidad de que aquello que consideramos improbable sea realmente lo que ocurra. En el primero y segundo nivel, todavía pertenecen a lo ancho, son previsibles.

¿Qué pasa con las decisiones que no se toman? Por todos es conocido que también pecamos por omisión. Pues por el hecho de no usarlas no significa que no existan, allí nos engañamos.

Ellas igualmente tienen sus consecuencias activas y no activas. También el primero y segundo nivel pertenecen a lo ancho y todavía son previsibles.

El problema viene para ambos casos, cuando es necesario ver y pensar más allá. He ahí una diferencia entre un estratega y una persona común. Pero no es nada del otro mundo, con ejercicio se puede hacer:

Escriba el hecho y empiece a bifurcar tanto las decisiones como las posibles consecuencias, por ridículas e imposibles que parezcan, y trate de llevar cada línea varios niveles adelante, teniendo en cuenta procesos, procedimientos, recursos y tiempos. Son sorprendentes las ideas que se pueden descubrir.

Ver hacia lo profundo: existen demasiados detalles no evidentes que pueden alterar los acontecimientos. Cosas que no vemos y que no están a lo ancho ni a lo largo. Para encontrarlas debemos esculcar, taladrar, romper hasta encontrar la información necesaria para enfrentar dichos acontecimientos. Esta es una de las habilidades que distingue al verdadero estratega.

Puede ir desde cosas simples: Después de dos meses de insistir no había podido que don Javier, gerente de una empresa que intuía sería un excelente cliente de la compañía donde estaba trabajando, me diera una cita. Cada vez la secretaría me salía con cualquier excusa por la cual el señor no me podría atender en ese momento. Finalmente, pensé en desistir, aunque no acostumbro a darme por vencido. Decidido a olvidarlo, dejé pasar dos semanas, y volví a llamar. Esta vez me contestó otra persona quien me dio la cita para el día siguiente. Don Javier me atendió, y efectivamente, realizó un pedido importante. Entonces ¿qué sucedía, por qué no recibía la cita? Claro, la secretaria. Pensando caí en la cuenta de que cuando por primera vez fui a pedir la cita era el día clásico de la secretaria y yo no me acordé, ni la felicité. Afortunadamente, salió de vacaciones y cuando regresó pude congraciarme con ella.

Pueden ser asuntos complejos: los guacales son cajas de madera no reciclable utilizadas para empacar las frutas, no sólo son poco salubres sino que incrementan de manera considerable los costos de la recolección de la basura.

Cuando la gerente de la Central de Abastos decidió poner cartas en el asunto promoviendo el uso de canastillas plásticas, sabía que por una parte la costumbre era difícil de cambiar, que una comunidad completa vivía de la fabricación de estos guacales y que el cambio conllevaba sus costos. Eso era lo obvio.

Lo que no era tan obvio, era la existencia de dos grupos, uno que sacaba su sustento de los guacales usados lo que es ilegal, y otro que vivía del robo y la venta de canastillas plásticas. Por otro lado, el uso de las canastillas implicaba la puesta en funcionamiento de una planta de lavado y de sistemas de control para evitar que se las robaran. Para cuando dejé la Central de Abastos la problemática no se había solucionado.

Toda esta serie de consideraciones hizo que se ajustara la estrategia y que se buscaran aliados, no tan evidentes al principio, para enfrentar la situación.

Pensar hacia lo profundo: Es casi un nivel de percepción extrasensorial, pero no es nada del otro mundo. Simplemente es un ejercicio de amplitud mental que requiere excesiva concentración sobre todos los panoramas para no perder ni el detalle ni los indicios de cosas, al parecer insignificantes pero que pueden afectar los acontecimientos. Requiere paciencia, tolerancia, madurez y cierto grado de perspicacia. Si usted no lo logra la primera vez no se preocupe, este tipo de pensamiento debe ir acompañado de mucho conocimiento y experiencia, lo cual de ningún modo cae del cielo ni se improvisa. Es bueno tener las antenas bien puestas, pero no podemos desperdiciar energía en todo. Debemos aprender a concentrarnos. Aprender a ver y aprender a pensar desde lo multidimensional y holográfico.

Ahora, un requisito indispensable para desarrollar una manera de pensar siquiera cercana al modelo que le estoy proponiendo, es abandonar las palabras y adoptar las imágenes. E imágenes con imaginación. Es decir: la mayoría de las personas piensa en un diálogo interno, e incluso, los más avanzados, logran ver en sus mentes algunas imágenes.

Lo que le propongo hacer, también es imaginar no obstante, es imaginar de otra manera. Es desarrollar a manera de una “sinestesia”, la capacidad de ver a su alrededor su pensamiento.

Cuando usted no piensa en palabras sino en imágenes y además las ve materializadas a su alrededor, es más fácil, rápido y práctico convertir las cosas en realidad.

En otras palabras, yo no cierro los ojos e imagino la cosa, el procedimiento, el dispositivo o lo que sea en lo que esté trabajando; la veo, la percibo, la huelo, la siento, como si fuese real, lo hago con los ojos bien abiertos y la uso como si fuese real, aunque esté en mi mente, a esto se le llama “holograma”. Ahora, junte las cosas. La capacidad de ver y pensar a lo ancho, largo y profundo y, además, de ver las cosas en su entorno como si se tratase de una película y tenga la seguridad de que alguien le dirá loco… un loco capaz de crear cosas que otras personas no se atreven ni a soñar.

Wilson Garzón Morales

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