Revista 72

La naturaleza no da discursos…

Constantemente nos encontramos la noticia de una inundación, avalancha, huracán, tifón, sequías e incendios y nos presentamos como las víctimas damnificadas de las fuerzas de la naturaleza. Claro, es necesario tener compasión. Pero lo que no contamos es que ese es el resultado de decenas de años destruyendo, deforestando y contaminando, tomando decisiones justificadas en la generación económica y el empleo.

Acabamos de tener una oportunidad histórica para cambiar el rumbo que llevamos de línea recta hacia la destrucción de la humanidad. Por el amor a Dios, permítanme ser fatalista, pues las evidencias son contundentes en ese sentido, Pero la política, la economía y en general, la estupidez, estuvieron por encima de nuestra supervivencia como especie.

No es para extrañar. Simplemente analice las acciones de nuestros gobiernos entregándoles a grandes corporaciones nuestros recursos naturales, recibiendo dádivas y tomando decisiones que nunca beneficiarán a la población. Ya sea entregando un páramo o como en nuestro país, corporaciones autónomas regionales y otras entidades que aprueban licencias de explotación a sabiendas de un claro detrimento patrimonial al ignorar el valor de los costos ambientales.

Por ejemplo, sabemos que la minería es necesaria, pero la minería a cielo abierto destruye ecosistemas que tienen un valor económico que supera astronómicamente cualquier regalía que se pueda recibir con la excusa de generar empleos y un progreso mal entendido, pues al final lo que hacen es destruir el futuro para las próximas generaciones.

La naturaleza siempre nos cobrará nuestra inconsciencia y será implacable. Y por supuesto, para la naturaleza no existen prebendas ni tratados. Ya los océanos están contaminados, la deforestación es intensiva y la contaminación cubre nuestras ciudades con un manto oscuro que nos acostumbramos a respirar. El problema es ahora y las soluciones deben ser ahora. No podemos esperar diez, quince o veinte años a que las conveniencias políticas y económicas estén de acuerdo.

Es muy posible y hasta razonable que esto a usted no le importe tanto. Los ciudadanos actuamos de acuerdo a los ejemplos que nos dan nuestros líderes, aún, o peor, cuando en nuestro país es un circo vergonzoso de demagogia y populismo. Nuestros ríos y montañas están al límite. Los millones de toneladas de basura son el reflejo de una incultura ciudadana, pues estamos acostumbrados a pensar que cultura es igual a arte, cuando cultura es comportamiento.

Y también es muy razonable que a usted como empresario o como directivo, su mentalidad no le dé para pensar que cada acto empresarial desgasta a la naturaleza, y si acaso nos conformamos con decir que “compensamos nuestra huella de carbono”, cuando eso, después de la destrucción no significa nada. Las únicas acciones que cuentan son las de recuperación y de readecuación, construyendo empresas que contribuyan desde su práctica a reintroducir el medio ambiente. La generación de empleo ya no puede ser una excusa para destruir.

Ya es obligatorio salvar el planeta, o si no, para qué sirve lo que hacemos cada día. Usted decide. Recuerde que la naturaleza no da discursos, nos destruye a su antojo, como nosotros lo hacemos con ella.

Wilson Garzón Morales

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