Consejo de Cultura Ciudadana

Consejo de Cultura Ciudadana

5 de febrero de 2024 Consejero Gerencial 0

La libertad de expresión no es sinónimo del descontrol, del deterioro y del caos que hoy estamos viviendo, en el que damos la apariencia de tener una democracia, pero que en realidad, en las calles se vive una anarquía.

En la mayoría de las ciudades de América Latina existe lo que se conoce como comité o consejo de “cultura”, aunque generalmente están orientados específicamente al arte; me atrevería decir que ninguna o casi ninguna realiza lo que debiera ser su verdadera función que es la formación de cultura ciudadana. Esto sucede, cómo es lógico, porque el concepto de cultura es demasiado amplio y porque la mayoría no cuentan con la estructuración o las metodologías para manejar uno de los aspectos fundamentales de la cultura y es que cultura ciudadana también tiene que ver con el comportamiento ciudadano.

Cuando hablamos de cultura, habitualmente, también nos referimos a la identidad de la ciudad y a sus tradiciones y estas nos parecen cosas del pasado; no obstante, con los fenómenos de la globalización, la identidad se ha vuelto confusa y las tradiciones nos parecen eventos exóticos, olvidando de paso que esas tradiciones fueron el fruto de la identidad y esa identidad fue el resultado de los comportamientos. Cuando no tenemos definida la identidad, el comportamiento es difuso y eso trae consigo fenómenos que terminan en intransigencia, en intolerancia y en violencia. Es función de un consejo de cultura ciudadana construir los significados que le dan sentido al comportamiento ciudadano.

Es esa confusión la que el Consejo de Cultura debe abordar. Por ejemplo: cuando se le pregunta a alguien, de un grupo, si se considera una “buena persona”, el cien por ciento de las veces la respuesta será que sí, se considera una “buena persona”, y todavía así, cuando se le pregunta a cada uno sobre el significado de ese concepto las respuestas serán disímiles en su mayoría. Si esto es así, en una idea como esta, obviamente, imagínese lo que sucede con lo fundamental que son los valores ciudadanos. Cada quien los interpreta y los vive y los ignora a su manera, y esta idea va en contravía con el deber ser de una identidad colectiva. ¿Qué significa ser honesto? ¿Qué significa ser responsable? ¿Qué significa ser solidario? ¿Qué significa ser ciudadano? Son cosas que se deben definir con claridad; definir cómo se materializan y cómo se viven, que no haya lugar a dudas y, sobre todo, que no haya lugar a interpretaciones. Parafraseando a los pensadores, para algunos, “todavía”, “el hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe” y para otros, “la sociedad hace al hombre”. El Consejo de Cultura Ciudadana debe ser protagonista en la construcción del ciudadano.

Si bien algunos de mis colegas han criticado mis metodologías de comunicación corporativa calificándolas de goebbelsianas, lo que me parece una exageración, sí estoy convencido de que primero, las herramientas de posicionamiento ideológico no tienen la culpa de que se las haya usado mal y por otra parte, estoy matriculado con la idea de que al ciudadano se le debe educar y la educación ciudadana no está en las instituciones educativas, la educación ciudadana está en las calles, la educación ciudadana está en la ciudad.

Respetando las diferencias entre los diversos grupos que le dan dinámica a la ciudad, respetando sus micro identidades colectivas que los juntan, también se debe definir una macro identidad que los haga parte de la ciudad y que muestre fehacientemente que no es lo mismo pertenecer a una ciudad que a otra y que es deseable pertenecer a nuestra ciudad, con los modelos de comportamiento que nos hacen parte de nuestra ciudad y que construyen nuestra identidad.

En algunos países como Colombia o México, las diferencias culturales y comportamentales por regiones son muy notorias y la mayoría están ligadas al folclor, y todavía así, han faltado los indicadores de comportamiento ciudadano: ¿Qué significa ser un ciudadano de Bogotá, de Medellín, de Jalisco o de Ciudad de México? Como nota adicional, pienso frente a Jalisco y frente a Medellín, que cuando su identidad y su orgullo están sustentados en un licor, algo está mal y es un inicio para que el comportamiento ciudadano deje mucho que desear.

Reconociendo la gestión de los laboratorios de cultura ciudadana, creo que se quedan cortos. Pienso que es sano que dentro del mismo Consejo de Cultura Ciudadana, que apoya los eventos culturales y de ciudad, exista un subgrupo que se denomine Consejo de Comportamiento Ciudadano que aprenda herramientas provenientes de la antropología, la sociología, la psicología del aprendizaje y la psicopedagogía reeducativa y que empiece a diseñar estrategias y a ejecutar campañas de educación ciudadana. Se darán cuenta de que los comportamientos indeseables no necesitan policía sino una clara delimitación mental del bien y del mal y eso sólo se logra con intervenciones, algunas graduales y otras disruptivas de ciudad.

Es este Consejo de Comportamiento Ciudadano, quien se encargará de recoger los elementos comportamentales de identidad y convertirlos en conductas definidas, recordando que la totalidad de las personas en el mundo aprenden mediante el ejemplo.

No importa si se es blanco, negro, gay o hétero, si se es hippie o hip hop, si se es viejo o joven, hombre o mujer, se le debe explicar específicamente cómo se vive determinado valor que nos identifica, cómo se materializa en la cotidianidad y cómo, el simple hecho de no practicarlo nos dejará por fuera del deber ser de nuestra ciudad. Por ejemplo, si quiero que todos en una empresa sean puntuales, lo que hago es crear un personaje transversal y lo hago vivir la puntualidad como un comportamiento ideal y este comportamiento ideal como un objeto del deseo; equiparo ese comportamiento al sentido de pertenencia y lo introyecto en la convivencia, de tal manera que cuando alguien de la empresa ocurre en una impuntualidad, en ese momento su inconsciente hace que sienta que está dejando de ser parte de la colectividad y atentando contra el mundo de lo correcto dentro de la empresa y por un fenómeno al cual denomino el “dolor del error”, esa persona corrige su comportamiento. A este proceso se le conoce como “aculturación”, pero en la práctica es simplemente un proceso de aprendizaje de profundidad.

No importa la persona a que subgrupo pertenezca, si logramos que su inconsciente quiera pertenecer,  ser parte de una sociedad específica, es decir: “Soy de Guadalajara y los de Guadalajara somos así”. Este pertenecer deberá ser gráfica y específicamente creado, diseñado, demostrado y enseñado. “Soy de Bogotá y los bogotanos nos comportamos así”. Esos comportamientos transversales deberán ser totalmente claros y explicados en todos los ambientes de ciudad. Dicho de otra manera. Cuando en una empresa hablamos de los valores corporativos de “honestidad”, “respeto” y “compromiso”, cada uno de esos valores lo desglosamos y lo convertimos en conductas observables y modelos de comportamiento específicos que como bono adicional, pueden ser vistos y verificados por todos y todos se darán cuenta de quien incumple en el momento en que lo hace y la persona que incumple se sentirá mal y excluido por el hecho de haber incumplido. Y no, no se trata de manipulación, se trata de educación. Un tanto más o menos, hacemos con el tema de los modales. A las personas no se les debe decir qué hacer ni cómo actuar, se les debe mostrar repetidamente.

Claro que no será una tarea fácil, sobre todo dimensionando las diversas intervenciones necesarias y teniendo en cuenta el tamaño de la ciudad y porque realizar una combinación Wiseman – Pigmalión y luego educar a la ciudad con ella, mediante el diseño de conductas que identifiquen una identidad, son palabras mayores desde la psico- sociología y tiene un grado de complejidad y un costo interesante, aunque este costo nunca será mayor que el costo que ahora pagamos, sobre todo en vidas.

Como por supuesto, el diseño de las conductas ideales y de objeto del deseo, se debe discutir en el consejo de comportamiento ciudadano, lo que en este momento puedo darle como ejemplo, son elementos de marco de referencia para las campañas. Sobre estos criterios podemos empezar a educar a nuestros ciudadanos. Es un decálogo de comportamiento ciudadano. Es importante asegurarse de que no existan sesgos religiosos ni de ninguna clase de grupos y debe manejarse un lenguaje específico de la ciudad e incluyente.

1.            El verdadero ciudadano de Jalisco respeta y defiende todo tipo de vida.

2.            El verdadero ciudadano de Jalisco hace lo necesario para que su familia y él sobrevivan.

3.            El verdadero ciudadano de Jalisco hace lo necesario para que su vecindario sea mejor.

4.            El verdadero ciudadano de Jalisco aprende a aceptar las diferencias.

5.            El verdadero ciudadano de Jalisco vive plenamente la ciudad.

6.            El verdadero ciudadano de Jalisco respeta las señales de tránsito.

7.            El verdadero ciudadano de Jalisco elige a sus gobernantes a consciencia.

8.            El verdadero ciudadano de Jalisco vive y defiende su identidad.

9.            El verdadero ciudadano de Jalisco habla siempre con la verdad.

10.          El verdadero ciudadano de Jalisco siempre cumple con sus promesas

Obviamente, no podemos caer en lo mismo que estamos criticando. Cada uno de estos elementos debe ser desglosado y explicado en conductas. Por ejemplo, ¿qué significa defender todo tipo de vida? Contiene todo un componente de educación ambiental y cosas simples y prácticas. Como alguna vez discutimos, el ladrón que mata a una persona por robarle un celular, está acabando con su clientela, pues a ese muerto no le puede volver a robar. Suena cínico, no obstante si fuese una idea generalizada, muchas muertes se evitarían.

El hacer lo necesario para que su familia y él sobrevivan, podría sonar a una carta abierta para hacer cualquier cosa, por lo que esa campaña debe explicar claramente que se debe evitar hacerle daño a los demás, evitar el daño al espacio público y evitar el robo y todavía así, alienta la libre empresa, la capacidad de tomar riesgos y, ante todo, la idea de que no es el Estado el que vendrá a solucionar sus requerimientos básicos. Es el mismo ciudadano quien deberá proporcionárselos con su esfuerzo.

El vivir plenamente su ciudad es una invitación a ponerse la camiseta por la ciudad, participar de sus procesos y de sus eventos. Tanto más significa la aceptación de las diferencias, es una invitación a la tolerancia y a la pacífica convivencia dejando a los demás ser con su propia micro – identidad. El buscar que un vecindario sea mejor, será también una invitación a ser solidarios. Y así, en fin, cada ítem deberá desplegarse y reiterarse hasta que la persona sienta que si no cumple con las conductas descritas entonces no será un buen ciudadano.

Por supuesto, este es sólo un ejemplo de contenidos discutibles y la discusión se debe dar en el Consejo de Comportamiento Ciudadano, hasta que salga el diseño de ese ciudadano que todos queramos ser y educar a la ciudad, enseñarle que siempre podemos ser mejores ciudadanos. Este proceso puede ser escalable y manejarse a nivel regional y nacional, teniendo en cuenta las micro –identidades y teniendo en cuenta las macro – identidades existentes, se pueden recomponer los comportamientos generales para que los ciudadanos asuman conductas que propicien el desarrollo de las regiones y de los países. ¿Una utopía? ¿Una locura? Los de mercadeo lo hacemos todo el tiempo con productos y servicios, permanentemente afectamos las conductas de las personas, es sólo que normalmente la gente no se entera.

Wilson Garzón Morales

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