Revista 66

Querido amigo empresario…

Hace días que no escucho de ti y quiero saber cómo estas. Nos hemos distanciado un poco porque este período de pandemia en realidad nos ha impactado de una manera que no esperábamos. Supe que hace meses debiste cerrar tu empresa y que te dolió mucho despedir a tus empleados. En realidad te entiendo. Han sido momentos muy difíciles y muy confusos, y súmele a esto la cantidad de malas noticias que los medios nos traen a diario, los problemas económicos porque se nos acabaron los recursos y la presión de los bancos.

La última vez que hablamos me dijiste que, incluso, te daba miedo salir a la calle, cuando por fin terminaron las cuarentenas y podíamos salir. La verdad es que comparto contigo ese sentimiento. Ya no es lo mismo. Me siento histérico cuando debo ir a alguna parte y ya el alcohol y los tapabocas adicionales hacen parte de lo que cargo en mi maletín. Me da pavor subirme al servicio público de transporte y me da más pánico la cantidad de gente que sale como loca a la calle sin ningún tipo de prevención. Sabes que soy diabético e hipertenso y si me llego a contagiar es mayor el riesgo de dejar mi familia desamparada.

Claro, la esperanza siempre vive. Ya empezaron a llegar las vacunas. No obstante, nuestro país es tan corrupto y los discursos tan mentirosos que los comunicados oficiales no me generan ninguna confianza. Sólo estoy rezando por la llamada de la EPS, pero ese es otro hoyo negro de nuestro sistema… ¿cómo confiar? Y por supuesto, ya me han llegado cientos de ofertas para el manejo de mi “salud mental” que me hacen sentir peor de lo que normalmente me encuentro.

Todavía así, estoy aquí de pie. Estoy siguiendo tu ejemplo. Quienes hemos sido empresarios nos acostumbramos a luchar contra la marea. Siempre tendremos nuestros molinos de viento. Supe que iniciaste un nuevo proyecto empresarial y eso me hizo muy feliz. Aunque ya le debo varios meses a los bancos y me llaman todos los días como una tortura china como si eso sirviera para algo, ya empecé a imaginar nuevos planes y a poner todo en la sartén para cocinar mi nuevo proyecto empresarial. Me enseñaste que es en el fuego dónde se templa el acero. Gracias a ti tengo de nuevo ánimos, eres un ejemplo de resistencia y de resiliencia. Los bancos van a tener que esperar hasta que nos recuperemos económicamente y estoy con esa sensación de “patos al agua” como cuando abrí mi primer negocio.

A pesar de la absurda carga impositiva que seguro aumentará con la nueva reforma tributaria, todos los días son miles los nuevos emprendimientos que se registran en las Cámaras de Comercio. Sabemos que, como todo inicio, se requerirá mucho esfuerzo y los días por venir no serán fáciles. Le doy gracias a Dios por que existen personas como tú que no se rinden y yo tampoco lo haré. En cada esquina encontramos gente que lucha y donde se cerró un local seguro se abrirá otro nuevo. Eso somos los empresarios de nuestro país. Así somos. De nuevo ¡Gracias por tu ejemplo!

Wilson Garzón Morales

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